Lamentablemente, no lo es. Muchas veces se equivoca. No te entiende. Esta cansado. Incluso puede que alguna vez se enfade. El trabajo fuera y dentro de casa, las precupaciones del día a día a veces hacen mella y Papi se derrumba. A Papi le gustaría ser más fuerte. Que no le doliera la espalda de llevarte de un lado para otro y jugar a ser un caballo que no se cansa, que siempre ríe y esta ahí para ti y para mama. A veces el caballo necesita un descanso para volver a cabalgar como siempre,  como a el y a ti os gusta. Le gustaría poder expresar mejor sus sentimientos y que alguien le entienda y le ayude, pero muchas veces prefiere solucionarlo solo, y no puede o no sabe. Tampoco encuentra donde apoyarse y se cae.

Lo bueno de este caballo feo, pero gracioso y simpaticon, es que se recupera pronto gracias a ti. Sólo necesita un grito mañanero que diga “papiiiiii” y cual corcel legañoso se levanta para comerte las chichas frescas y oírte reír.

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