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Esto que puede parecer una perogrullada (y lo es) es el primer título que me ha venido a la cabeza.

No es nada fácil. Pero se hace más difícil en algunos momentos. Cuando está enferma es uno de ellos. Aunque sea un solo catarro, las noches sin dormir hacen mella al día siguiente. Y si se suceden varias noches, lo que queda de uno mismo es la mínima expresión de energía y entusiasmo. Y lo peor no es eso. Es que ella lo pasa mal y poco puedes hacer más que consolarla y mimarla.

El trabajo, la casa, el estrés constante. Ufff. Te das cuenta de que pocas (o ninguna) vez te has sentido tan cansado. Pero siempre queda algo de energía para continuar. Siempre te queda la esperanza de que se recupera y todo vuelve a ser como antes.

Lo que más echas en falta cuando está enfermita es su risa. Es fácil hacerla reir pero cuando está malita es una de las cosas que pierde y que añoro. Esa risa es capaz de darle la vuelta al día y convertirlo en un día perfecto.  Esa risa ilumina a la gente que tiene a su alrededor. Me da igual si tengo que disfrazarme con una toalla en la cabeza, unos calcetines en las orejas y hacer el pino con una mano, necesito oírla cada día. Es el indicador de que ella está bien. Todo va bien.

Empecé esta entrada hace unos días justo cuando empezó a estar pachucha. Hoy está genial, y vuelvo a tener energía para terminar esto y cualquier cosa.

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