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Papá en apuros

Experiencias de ser padre novato

Monitos en la selva

Papá mono y monita pequeña. No quiero que jamás se rompa ese vínculo. Una unión de confianza y de respeto. Los dos nos equivocamos y nos pedimos disculpas. Pero yo soy el adulto. 39 años de supuesta experiencia que a veces no son suficientes. Siempre se puede mejorar todo. Y en eso estamos. Pero ellos me ayudan y me guían.

Tal vez la clave sea no mirar atrás. Disfrutar siempre del momento y tener planificado lo esencial. Lo demás, lo mas insignificante, lo mágico de la vida, se puede improvisar. Y cuando se hace asi, sin pensar, se disfruta más.

Como siempre, gracias a los dos por ser tan especiales y engrandecer nuestro día a día.

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Orgullo de padre (Y madre)

Solo tenéis 2 y casi 4 años y ya sois nuestro mayor orgullo. El motivo por el que nos levantamos cada día. Nuestro motor y nuestra gasolina para avanzar y mejorar. Disfrutamos, y a veces sufrimos (los menos), de cada momento con vosotros. Cada pasito. Cada triunfo. Cada risa y cada enfado nos recuerda, que sois el motivo de nuestra alegría y que no pasa un día sin que nos enseñéis algo nuevo. Desde vuestra perspectiva o de la nuestra, da igual. Es algo fantástico. Teneros cerca es indescriptible. Único. Y aunque a veces se enturbie por el estrés y la acumulación de pequeñas tonterías del día a día, la esencia es esa. Sois lo mejor. Nuestro mayor orgullo en esta vida. Y sólo tenéis 2 y casi 4.

Papa y mamá.

Te quiero

Dos palabras. Sencillas. Directas. Únicas. Salidas de un corazón puro y sincero que aterrizan en otro algo más cascado y turbio, pero muy necesitado de ese impulso y de esa energía que llevan de forma intrínseca esas dos palabras.

Un abrazo. La forma más sencilla de transmitirlo todo. Un abrazo es lo que necesitamos cada día papá y mamá para llevar a cabo las heroicas y titánicas tareas de cada día.

“Que tengas un buen día papá”. O las risas del pequeño saltamontes. Son momentos necesarios en el día a día. Espero que nunca se nos olvide lo que significan para nosotros. Supongo que por este motivo escribo aquí todo esto. Para que quede grabado en algún sitio y que me permita algún día pueda recordar todos estos momentos irrepetibles cuando mi memoria falle.

Como siempre, gracias por darme lo mejor del día, pitufos.

Un año raro


Si. Muy raro. Habituados a la comodidad de nuestras vidas, cuando vienen muchos cambios de golpe hay que estar preparados para afrontarlos. A veces hay que tomar decisiones. Algunas son difíciles de tomar. Otras son instintivas. 

Un año extraño. Diferente. Pero si echamos la mirada atrás, y los vídeos que grabamos me ayudan mucho en esto, veo que es un año perfecto. 

Nuestros hijos crecen. Se ríen. Nos quieren. Nos abrazan. Nos besan. Nos añoran cuando no estamos a su lado. Aprenden de nuestros errores. Aprenden de los suyos propios. Aprenden de sus logros. Disfrutan de cada día y nos dan una razón inmensa para disfrutar a su lado de cada instante. De los momentos que no apreciamos, o si. Pero que a veces olvidamos, por un momento, ya que ellos se encargan de empujarnos hacia delante. Con la mirada puesta siempre en el ahora. En el momento. En lo que de verdad merece la pena mirar y por lo único que merece la pena preocuparse. 

Gracias a los dos por ser nuestro motor. Nuestra gasolina. Nuestra energía y nuestra vida. Gracias!

Retos

Cada día es un reto dicen muchos. Pero ver los retos desde las gradas de la paternidad es otro nivel. Pequeños retos aparentemente, pero que realmente no lo son tanto. Para ellos son grandes azañas de las que se escribirán canciones como decía Sam Sagaz, ¿o era Merry Pippin? 😂

En esta colección de retos incesantes y desafiantes me quedo con los siguientes:

  • Los primeros pasos, rompedores de espaldas para nosotros pero un momento tan único y especial que a veces nos pasa por delante sin disfrutarlo en la amplitud que se merece.
  • Hacer palmitas, ¿por qué no? Algo tan sencillo corresponde a un reto de coordinación y perseverancia digno de un artista. 
  • Los miedos, en nuestro caso a los truenos. Que curioso. A mi que me chiflan las tormentas y la lluvia. Se le pasara cuando me vea disfrutar de la primera tormenta. Espero…
  • El primer tarareo, chananan, chananannnn. Highway to hell (ACDC) ha sido su opción, seguida de la marcha imperial de Star Wars. Orgullo paternal en lo más alto, of course.
  • Primeros metros bajo el agua, los ves mojarse el culete por primera vez. Chapotear y reír en la piscina. Pero ese momento en que se suelta y bucea sola unos metros, con la decisión de un nadador profesional, es inolvidable. ¿Lágrimas de emoción de papá? Pues si. No faltaron, para variar.

    Estos son algunos. Tal vez no son los más importantes o significativos, pero son los que tengo ahora en mente gracias a las pocas neuronas despiertas que me quedan, a estas horas y después de todo el día en danza.

    Abrazos y besos.

    Carta a futuro

    Escribo esto por si algún día me olvido de alguna sensación o momento de los que nos hacéis vivir. Por si en alguna ocasión el cansancio no me deja ver lo felices que somos.

    Es difícil describir lo que es la felicidad. O tal vez no tanto. En estos momentos de nuestra vida la felicidad en ocasiones es el silencio, en ocasiones el caos más absoluto. Es contradictorio si. Pero real. Nuestra felicidad pasa disfrazada de momentos irrepetibles como una sonrisa sincera, un abrazo, una búsqueda de cobijo en nuestras piernas ante situaciones que no saben gestionar o un “Papito guapo”. A veces es tan sencillo como ver que me pides otro cuento antes de ir a dormir. No quieres que esos minutos que te dedicamos terminen nunca. Ni nosotros.

    Recientemente hemos descubierto el mundo de los cuentos inventados. Cada noche damos rienda suelta a nuestra imaginación y un Grillo un lagarto o un búho corren mil y una aventuras por bosques, montañas y desiertos. El ver tu cara cuando el señor Grillo se cae de una rama, pero no le pasa nada y se levanta para seguir. O cuando el Sr. Lagarto se come un mosquito traicionero. Es algo indescriptible con palabras. Hay que vivirlo. Como la paternidad/maternidad. Se vive, se sufre pero sobretodo se disfruta.

    Ya vamos por dos cuentos por noche mas los libros que leemos en el sofa. Espero que esta noche no pidas uno más. O pensándolo bien. Espero que me pidas uno y cien cuentos más, siempre. 

    Os quieren papa y mamá.

    Repetimos!

    Hace 7 meses y un par de semanas que volvimos a experimentar la sensación de ver nacer un bebé regordete. 7 meses en los que la experiencia previa ayuda, pero igualmente y esto no te lo quita nadie, hay noches y noches.

    Nuestra princesa ya es muy mayor. Duerme del tirón. No hay pañal. Cada vez hablamos más y mejor. Ufff. Que rápido pasa el tiempo, ¿No?

    Y nuestro príncipe va a su ritmo pero dejándonos bastante margen para el descanso. Es un sol. La sonrisa en persona. Simpático como el sólo. Alegre y vivaz.

    Es verdad eso que todo el mundo te dice de “dos no es el doble de trabajo”. Es verdad. Pero también es cierto que tampoco es el doble de felicidad. Es muchísimo más. Tu prisma del mundo vuelve a cambiar/mejorar. 

    Papa no es perfecto

    Lamentablemente, no lo es. Muchas veces se equivoca. No te entiende. Esta cansado. Incluso puede que alguna vez se enfade. El trabajo fuera y dentro de casa, las precupaciones del día a día a veces hacen mella y Papi se derrumba. A Papi le gustaría ser más fuerte. Que no le doliera la espalda de llevarte de un lado para otro y jugar a ser un caballo que no se cansa, que siempre ríe y esta ahí para ti y para mama. A veces el caballo necesita un descanso para volver a cabalgar como siempre,  como a el y a ti os gusta. Le gustaría poder expresar mejor sus sentimientos y que alguien le entienda y le ayude, pero muchas veces prefiere solucionarlo solo, y no puede o no sabe. Tampoco encuentra donde apoyarse y se cae.

    Lo bueno de este caballo feo, pero gracioso y simpaticon, es que se recupera pronto gracias a ti. Sólo necesita un grito mañanero que diga “papiiiiii” y cual corcel legañoso se levanta para comerte las chichas frescas y oírte reír.

    La paternidad/maternidad no es un camino de rosas

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    Esto que puede parecer una perogrullada (y lo es) es el primer título que me ha venido a la cabeza.

    No es nada fácil. Pero se hace más difícil en algunos momentos. Cuando está enferma es uno de ellos. Aunque sea un solo catarro, las noches sin dormir hacen mella al día siguiente. Y si se suceden varias noches, lo que queda de uno mismo es la mínima expresión de energía y entusiasmo. Y lo peor no es eso. Es que ella lo pasa mal y poco puedes hacer más que consolarla y mimarla.

    El trabajo, la casa, el estrés constante. Ufff. Te das cuenta de que pocas (o ninguna) vez te has sentido tan cansado. Pero siempre queda algo de energía para continuar. Siempre te queda la esperanza de que se recupera y todo vuelve a ser como antes.

    Lo que más echas en falta cuando está enfermita es su risa. Es fácil hacerla reir pero cuando está malita es una de las cosas que pierde y que añoro. Esa risa es capaz de darle la vuelta al día y convertirlo en un día perfecto.  Esa risa ilumina a la gente que tiene a su alrededor. Me da igual si tengo que disfrazarme con una toalla en la cabeza, unos calcetines en las orejas y hacer el pino con una mano, necesito oírla cada día. Es el indicador de que ella está bien. Todo va bien.

    Empecé esta entrada hace unos días justo cuando empezó a estar pachucha. Hoy está genial, y vuelvo a tener energía para terminar esto y cualquier cosa.

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